TRADICIONES CULINARIAS; CURIOSIDADES DE LA GASTRONOMÍA POPULAR.

De sobra está decir que en España si hay algo que a todos nos gusta es comer, y como decía mi madre “aquí celebramos todo comiendo y bebiendo”. Sin embargo, hoy te traigo algunas curiosidades sobre los platos y postres típicos de España, pues hay determinadas comidas que me resultan muy peculiares y he querido investigar un poco más sobre el origen, la preparación o los ingredientes, y ciertas costumbres españolas que sorprenden a los extranjeros cuando aterrizan en nuestro país.

LAS DELICIOSAS TRADICIONES CULINARIAS

Las tradiciones gastronómicas españolas más arraigadas en nuestros días comprenden un amplio grupo de preparaciones culinarias que van más allá del roscón de reyes y las torrijas, pasando por la paella y sin olvidarnos del gazpacho o nuestro riquísimo cocidito. Es verdad que hay ciertas tradiciones españolas que se han perdido con el paso de los años y que ya no se preparan como antaño, pero la gastronomía de España en general tiene una infinidad de platos que nos cuidamos bien de pasar de padres a hijos.

En mi juventud, siempre que preparábamos una escapada con el grupo de amigos, yo era la encargada de llevar la tortilla de patata, pues solían decir que a mi madre le salía una tortilla excepcional. Hoy en día, puedo decir que me sale igual o casi igual que la que ella hacía, y sigue siendo uno de mis platos favoritos.

La mezcla de culturas y de religiones han posibilitado que tengamos una cocina de lo más variable teniendo como esencia la dieta Mediterránea. Durante siglos las tres culturas más importantes que habitaron nuestro país, cristiana, judía y musulmana, convivieron y compartieron las recetas más significativas de su alimentación y han llegado hasta nuestros días a través de generaciones sin sufrir prácticamente ninguna variación. Pero con todo y con eso como digo, hay ciertas preparaciones o guisos que todavía chocan a aquellos que nos visitan. Por ejemplo, les produce un choque importante el comer de tapas. No pueden entender que comamos con unas cañas y el pincho que nos ponen, sin planificar un horario o un menú. Menos aún entienden eso de comer de pie, en torno a la barra del bar sin sentarnos relajadamente. El caso es que cuando lo prueban quedan encantados con esta costumbre, y son pocos los que una vez conocida hablan mal de este hábito. Pero ¿cuál es el origen de la tapa? Aunque el origen es un poco incierto, se cree que proviene de una anécdota protagonizada por Alfonso XIII en la visita que realizó a Cádiz durante su reinado. En una parada que hizo en El Ventorrillo del Chato, venta que aún hoy sigue abierta al público situada a orillas de la playa, pidió una copa de jerez, pero no reparó en que un remolino de aire y arena se aproximaba hacia el lugar, teniendo como posible consecuencia que el preciado líquido se llenase de arena. Un hábil camarero acostumbrado a los repentinos cambios de aire, improvisó con una loncha de jamón una original tapa para evitar estropear el jerez del rey, y cuando éste fue a beber preguntó qué era aquello. El camarero se disculpó explicando el por qué de su iniciativa, a lo que el rey contestó que quería otra copa de jerez, pero con la misma tapa. Los acompañantes rieron la gracia de su majestad y pidieron lo mismo, con tapa, y a partir de ahí la costumbre se hizo popular.

Gran cantidad de costumbres alimentarias españolas tienen que ver con los orígenes religiosos, si bien se han podido ir adaptando con el paso de los años y de los siglos al consumo tradicional. Es el caso del roscón de reyes, las torrijas o el cordero asado.

Como me mueve la curiosidad por saber de dónde viene lo que comemos, estas pasadas navidades tuve la curiosidad de saber la procedencia de nuestro roscón de reyes, y a partir de ahí empecé buscar cual era la procedencia de otros tantos platos típicos que ahora veremos. Existen varias teorías sobre la procedencia del roscón y hay versiones que se solapan entre ellas, pero todas parecen indicar que su origen se remonta a la Roma del siglo II, cuando se celebraban los días de “fiestas de los esclavos”, o Saturnales (en honor al dios Saturno, dios de la agricultura y las cosechas) tras terminar de recolectar los frutos de la tierra. Es esos días se preparaban numerosos manjares culinarios entre los que se encontraban unas tortas hechas con higos y miel que se repartían entre los esclavos para recompensar el trabajo realizado. Además, se introducía un haba que era símbolo de fertilidad y prosperidad y el esclavo que la encontraba se le liberaba, por un día, de sus obligaciones como esclavo y además se le auguraba un año lleno de prosperidad. Esta tradición se extendió por Europa modificándose los ingredientes del producto hasta casi fabricarlo como hoy lo conocemos y fue un pastelero de la corte francesa que, en su afán por contentar al pequeño rey Luis XV introdujo una moneda en su interior. A partir de entonces la moneda pasó a ser el premio esperado por todos los que lo comían y aquel que encontraba el haba quedó relegado a tener que pagarlo o en su defecto cocinar uno. Como curiosidad te contaré que de ahí proviene lo de ser “un tontolaba” (tonto del haba).

Felipe V de España, tío del rey francés Luis XV, importó la tradición a España y desde entonces se han ido realizando varias versiones de éste dulce para que personas con gustos y necesidades diferentes puedan consumirlo hoy en día. A pesar de ser un postre típico de Navidad, podríamos degustar roscón de reyes todo el año, pues no somos pocos los que nos encanta este dulce. Hay más variedades de dulces que se parecen al roscón, como la corona de la Almudena, típica de la comunidad de Madrid y la mona de Pascua de popularidad reconocida en Cataluña, Comunidad Valenciana, Región de Murcia y ciertas partes de Aragón y Castilla la Mancha, aunque el roscón, es el roscón.

El caso de las torrijas me resultó más curioso aún. Se cree que en origen las torrijas eran un alimento destinado a la recuperación de las parturientas, ya que proporcionaba muchas calorías y azúcares, facilitando además el trabajo de la lactancia. Pero en España y en muchos países mediterráneos de religión cristiana, con la llegada de la cuaresma, había que realizar un ayuno durante 40 días sin apenas comer alimentos, y mucho menos carne y precisamente no estaban como para tirar la casa por la ventana con según que comidas. La carne estaba prohibida comerla, salvo si pagabas bula, pero pocos eran los que podían hacerlo, además de ser un producto caro reservado a las clases más pudientes. Entonces, ¿cómo preparar un alimento económico y calórico al mismo tiempo capaz de mantenerlos vivos realizando las duras tareas del campo y la ganadería? Hay que tener en cuenta que en la cuaresma originaria se ayunaba completamente de lunes a viernes, y sólo se podía comer durante el sábado y domingo, y con las calorías que ingiriesen en el fin de semana, había que aguantar toda la semana. Necesitaban alimento barato, calórico y al alcance de todos. Ahí lo tenéis. Sobras de pan duro, rebozadas en leche, con azúcar, huevo y harina y fritos en aceite de oliva. Teniendo en cuenta que estos ingredientes era casi lo único a lo que se podía optar allá por el siglo X, no está nada mal el resultado, ¿eh? A partir de ahí surgieron diversas variedades de torrijas; torrijas de leche, torrijas de vino, al horno etc. Tenlo en cuenta cuando vayas a tomar una torrija; ¡las calorías que estás aportando rondan entre las 350 y 580 kcal por unidad…procura no tomarlas después de comer y mucho menos de cenar!

Por otro lado, el cordero asado es una tradición muy popular en diversos países. Concretamente en nuestro país hay multitud de formas de prepararlo, si bien una de las más comunes procede de la gastronomía del antiguo Al -Ándalus, con especias y servido en plato de barro. No es un alimento que su consumo genere rechazo en el resto de sociedades, como puede ocurrir con el conejo, todo lo contrario; es un plato considerado manjar que se sirve como plato principal en infinidad de eventos como bodas, bautizos y comuniones.

PLATOS TÍPICOS DE ESPAÑA POR COMUNIDADES

Como te decía, la gran variedad de culturas que han pasado por nuestro país nos ha dejado una amplia gama de platos distribuidos por toda la geografía española, aunque en la mayoría de ocasiones, lo vamos pasando de comunidad en comunidad. Así, por ejemplo, en Madrid es típico el cocido madrileño, un plato hecho a base de garbanzos, ternera, gallina o pollo, chorizo, morcilla, hueso de jamón, diversas verduras y fideos. Toda esta mezcla lo convierte en un plato muy calórico que, si bien es cierto que puede degustarse durante el resto del año, lo ideal es tomarlo en los meses de más frío, pues nos ayuda a combatir las bajas temperaturas.

Lo típico de Asturias, su fabada, es un manjar que se ha popularizado por todas las comunidades, si bien sigo apostando por la mano asturiana para preparar una buena olla de alubias. Sus ingredientes lo convierten también en un plato típico para degustar en invierno, puesto que también aporta demasiadas calorías.

Los paparajotes murcianos, la perdiz a la toledana, el pulpo a feira gallego, el gazpacho andaluz, pan tumaca catalán, la paella valenciana, las migas extremeñas, el marmitako o el bacalao al pil pil vasco hacen de nuestra gastronomía un festival de sabores que no puedes dejar de probar. Te recomiendo el turismo gastronómico por nuestro país. Aprovecha alguna escapadita para visitar los diferentes puntos de nuestra geografía y déjate llevar por los ricos sabores que conforman nuestro arte culinario.

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